
Se quedaba llorando a lágrima viva. Gritaba y sollozaba, pidiéndole que no sefuera. Había tardes en las que se agarraba a su falda tan fuertemente con sus manitas frágiles de niña delgada, delgadísima, con el miedo de no volver a verla más. La tía Cocó la subía a sus brazos y trataba de calmar su llanto con algún cuento inventado al momento. En unos segundos la niña dejaba de llorar, fascinada por tocar de cerca el cabello rojo y las miles de pecas de esa tía que quería tanto.
Siempre, para el mes de julio, Carmiña aceptaba un trabajo a tiempo parcial en las tardes para tener dinerito extra y poder comprarse el traje de marinera con gorra blanca de capitán de barco. Le gustaba ir de nuevo y estrenarlo todo el día de la Virgencita del Carmen.
Esos diez días antes del 16 de julio eran un gran acontecimiento para el Pueblo.Se celebraban las fiestas patronales con música en tarima y máquinas de diversión, y los marineros del pueblo adornaban con flores la capilla construidacon sus propias manos frente al muelle. La imagen de la Virgen era de las más bellas jamás vista, de tamaño humano, y con el bello niño entre sus brazos.
Todas las noches de la verbena las familias de los marinos y pescadores le rezaban el santo rosario y le cantaban canciones a la Virgen entre reverencias y gozos. Pero el día cumbre era el 16. Ese día desde temprano los pescadores sacaban al mar sus barcazas forradas de flores, vestían trajes de marineros blanquísimos. La familia entera se daba el paseo en la lancha, regando con las flores el marazul. La barca más grande, la de Don Jaime, era donde se le daba el paseo a laImagen de la virgen por toda la bahía. Tempranito se arremolinaban las monjas, el párroco y por supuesto, las beatas con ramos de flores y vestidas de blanco. Y allí entre la multitud estaba Carmiña. Siempre se las arreglaba para que la acomodaran entre las monjas con su gorra de marinera y sus grandes ojos azules,más piadosos que de costumbre.
Pero a los niños muy pequeños la policía no los permitía subir a las barcazas, y allí quedaba Tita gritando a todo pulmón en los brazos de la Titi Cocó.
Tengo sentimientos encontrados con ese día 16, Me llamaron Carmen, mi madre se llamaba Carmiña y mi abuela Carmita, pero en mis vagos recuerdos de la niñez temprana, siempre ese día surgen con un terrible miedo en el centro del estómago. Percibo una mezcla de llanto y vientos marinos con olor a mar, y un remolino de flores, vírgenes, cabello rojo y pecas flotan en mis recuerdos.
Por suerte los niños tienen memoria corta.
Carmen Amaralis Vega Olivencia, desde Mayagüez, Puerto Rico

No hay comentarios:
Publicar un comentario