
Ya pasó… Fue como una tormenta de verano de efectos devastadores; anoche recogí los desperfectos. Caí desplomada en sueños que ni recuerdo. El temor, por unos días, había habitado en mi alma haciéndose dueño de mi persona y, tan egoísta, que apenas me dejaba respirar. El pecho se me hacía chico y la incógnita hacía que las palabras nacieran entrecortadas. Los pensamientos iban y venían jaleados por el miedo a esa palabra que no tiene fronteras, ni clases ni condición. Si llega, sólo te queda la fortaleza de espíritu y la esperanza de ir tirando. Mientras, la espera se hacia espesa, negra y mi fe yacía en los silencios más oscuros. Hoy, con el rocío temprano, mi piel se estremecía y yo con ella. Me sentía tan viva como este día que comenzaba a deshojarse entre mis horas. Era, es, una sensación revitalizante. Aún sabiendo que soy gaviota de paso por estos mares, quiero seguir dando a la tecla de mis vivencias sin la sombra dañina que asola a tantas mujeres cortando de cuajo sus minutos más intensos.… Hoy, cuando mis ojos se han hecho con la luz, y mi corazón ha vuelto a latir con el rugido de la calma vestida de paz, de nuevo he vuelto a dar gracias a mi Dios por esta tregua que me ha regalado.
PD. Dedicado a todas la mujeres que son símbolo de lucha contra el cáncer de mama.
MªÁngeles Cantalapiedra, desde Madrid, España

No hay comentarios:
Publicar un comentario